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La Coctelera

28 Junio 2009

Se va apagando...

28 jun 09 En: Poesia

Safe Creative #0906274061412Código: 0906274061412

Se va apagando….

Se va apagando,

despacito….

como una vela.

Creando sombras

y enmarcando su sonrisa,

Cual mascara pintada.

No reconozco

ni su voz, ni su figura.

Se perdió por el camino

toda su lozanía.

Largo camino hasta el final.

Lleno de piedras,

también de rosas.

Inexorable, sin retorno.

Se va apagando,

despacito…

Como una vela.

Junio 2009

Safe Creative #0906254056452

23 Junio 2009

MÀGICA NIT

Sonen els esclats

Ja és Sant Joan

Nit de foc, Nit de Bruixotes.

La màgia ens envolta,

I és llavors, quan tots

demanem desitjos.

Fem rituals

I desitgem algo millor

Que de segur es complirà,

Durant segles ho han provat

Si no fos veritat

No hi tornarien

¡Gaudir-ho amb els focs artificials!

Gaudir-ho amb els petards

Que sempre ens espanten

I desperten somriures.

Menjeu Coca amb pinyons

O sinó una de fruita.

Fartar-se, quedar-vos bé plens

Brindeu amb Cava.

I després tots junts

Saltem el foc

I demanem

Que l'amor vingui a visitar-nos.

23 Juny 2009

Safe Creative #0906234051156

TRADUCCIÓN:

Suenan los estallidos

Ya es San Juan

Noche de fuego, Noche de Brujas

La magia nos rodea,

Y es entonces,

Cuando todos pedimos deseos.

Hacemos rituales

Y deseamos suerte en la vida

Que a buen seguro se cumplirá,

Durante siglos lo han probado

Si no fuese verdad

No lo repetirían

¡Disfrutar con los fuegos artificiales!

Disfrutar con los petardos

Que siempre nos asustan

Y despiertan sonrisas.

Comer Coca con piñones

O sino de fruta.

Hartarse, quedaros bien llenos

Y bridar con Cava.

Y después todos juntos

Saltemos el fuego

Y pidamos

Que el amor venga a visitarnos.

7 Junio 2009

SUEÑOS

7 jun 09 En: Poesia

SUEÑOS

Dudas de no ser

lo que antaño fui.

Ahogando en mi garganta

la ilusión de lo soñado.

Caminos y veredas

que llevan a recovecos,

escondiendo las alamedas

Donde los sueños

se recrean en largos paseos.

Destino marcado

que surca la vida

en busca del futuro

Futuro incierto

del que esperas

encontrar …

los sueños anhelados.

Junio 2009

Safe Creative #0906053788097

27 Mayo 2009

EL 20

27 may 09 En: literatura novel

El 20.

Como cada mañana, ahí estábamos, esperando nuestro autobús el 20, se nos había escapado el anterior. Era el final, por lo que en cuanto llegara el siguiente, tendríamos que esperar aún un poco antes de salir hacia nuestros destinos.

Eran cerca de las 8.30 h de la mañana, casi siempre éramos los mismos, los que acudíamos a nuestro trabajo, y las madres con sus hijos acompañándolos a la escuela.

Todos nos conocíamos, no de todos sabíamos sus nombres, pero nos saludábamos y charlábamos del tiempo o temas actuales.

Estaba Silvia, joven madre pues un día me comento que tuvo a su hija a los 17 años, estaba enamorada y aún lo está, ahora acompaña cada día a sus hijos a la escuela, Meritxell y Arnau. También estaba María y sus hijos un niño y una niña. No se de que país venia, pero era una mujer preciosa de color al igual que sus hijos, guapísimos. O ese ejecutivo joven que cada mañana subía al autobús con su hijo pequeño para llevarlo a preescolar, y otras jóvenes madres con sus hijos y embarazadas de nuevo a la espera del siguiente.

Cada mañana se saludaban, reían y jugaban y los más pequeños buscaban en el conductor a su cómplice de juegos. Solían ser los mismos, y había un par que ellos, que los niños ya sabían que siempre les daría pié a ello.

Observarlo era mi distracción matutina, lejos de ser monótono el camino al trabajo, se convertía en todo un mundo de cariño los unos con los otros, como si ese autobús fuera un poco nuestro. Incluso si alguno llegaba tarde y tenia que echar una carrerita para coger el bús, le alentábamos y el conductor esperaba un poco en arrancar.

Cuando alguno no venia durante algunos días, preguntábamos por él, y como iban a la misma escuela, pues sabías si esta enfermo o no.

También solían subir muchas personas de avanzada edad, pues un ambulatorio estaba en la ruta del autobús al igual que el Hospital de Sant Pau, y ya sabias en que parada bajarían, o era una o era la siguiente. Poco margen de error había….

Todo un mundo, una ciudad y unas vidas que subían, y bajaban de ese autobús, y que formaban parte de la mía.

Han sido tres años disfrutando plenamente de ese camino al trabajo, porque aunque estuvieses cansado, tuvieses sueño o desanimado. Sabias que estaban ahí, que si querías charlar lo hacías, si ese día estabas enfurruñada, te saludaban y estabas callada, nadie te molestaba, y si acaso los niños te hacían esbozar una sonrisa. Pero siempre estabas acompañada.

El trayecto terminó para mí, yo me tuve que apear, pues el trabajo se esfumo. Pero lo que siempre llevare en el recuerdo, es ese autobús y esos compañeros de viaje, que espero reencontrar en algún otro momento.

Porque seguro que cogeré mas autobuses o el metro, no se lo que me depara el futuro. Pero como aquel trayecto, no creo que encuentre ningún otro.

Abril 2009 Safe Creative #0904073014615

22 Mayo 2009

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La font de les Heures

El calor era sofocante y tras la comida Berta hacia la siesta como todos los de casa, pues hacia demasiado sol para estar en la calle. A esa hora ni las lagartijas salían.

Se levanto con ganas, había quedado con su amiga Montse para jugar, tenían planeado ir al bosque como tantas veces para coger unas piñas.

El verano era para ella la mejor época del año. Una vez terminada la escuela, ya no solo subían a la casita del pueblo, los fines de semana sino que se pasaban mas de dos meses allí. Su padre iba a trabajar, subía y bajaba casi cada día de la ciudad, ella y su madre no se movían de allí. Por la noche era muy agradable la temperatura y en el jardín se podía uno recrear todo lo que le placía.

Desde que ella tenía 5 años que alquilaron la casita, están subiendo cada verano, ahora ya tiene 8 y Berta recuerda aún la primera casa que alquilaron, era un caserón enorme con unos jardines en bancales que subían desde la carretera, y en medio un montón de escaleras que ascendían a la gran casa. Surgió la oportunidad gracias a un familiar y se lo dejaron barato para pasar las vacaciones.

El médico les recomendó a sus padres un cambio de aires para ella, pues no comía nada bien y estaba demasiado delgada, y les dijo que lo mejor era la montaña. Por eso sus padres se habían decidido por este pueblo, Sant Fost, ya que un primo residía allí.

Ahora ya no estaban en el caserón, sino en una casita pequeña pero con jardín delante y una enorme terraza detrás, junto a ella reposaba majestuosa una enorme higuera, dando en agosto y septiembre un exquisito manjar, además de un montón de abejas empeñadas en tomar tan delicioso néctar.

Berta recogió a su amiga en su casa y las dos partieron juntas, riendo y charlando animadamente hacia el camino que les conducía a su destino, el bosque.

Como tantas tardes, una vez en el, buscaron piñas para llevarlas a casa y luego pacientemente golpearlas con una piedra para abrirlas hasta que soltasen su preciado tesoro, los piñones. No siempre lograban abrirlas, y muchas ya se habían abierto y estaban allí tendidas bajo los árboles, pocos piñones les quedaban. Y es que no eran ellas solas las que buscaban el delicioso manjar.

Entre piña y piña, su mundo de fantasía danzaba por el bosque, eran princesas y sus caballeros las venían a rescatar de las fauces del dragón.

Habían hecho una especie de cabaña con ramas y troncos junto a una roca que servia de soporte. Esa tarde se cansaron pronto de su aventura en el bosque y decidieron ir a explorar, como ellas lo llamaban. Marcharon prontas al otro lado del pueblo, donde en una de sus calles la del Lirio, tras una casa partía un sendero que llevaba a través de los campos hacia un destino desconocido.

Iban despacio por los pequeños caminos que rodeaban los huertos, y junto a ellos los canales de riego con sus porticotes de madera, para desviar el agua al campo que lo precisara, a lo lejos estaba un payes trabajando su campo. Levanto su cabeza y las vio, les empezó a gritar que se fueran de allí, que le iban a pisar la siembra, que ya estaba cansado de todos pasasen por allí. Berta y Montse, echaron a correr asustadas, pensando que las atraparía.

No era la primera vez que pasaban por allí, pero hoy con el susto que les dio el payes, cambiaron su rumbo y terminaron al final de un camino que no conocían. No temían nada, era toda una aventura y la bronca les dio motivo de mayor excitación y misterio. Era una tarde diferente.

Junto a ese camino discurría una pequeña riera, con grandes piedras que hacían que el agua serpenteara entre ellas. Siguieron el curso aguas arriba y corrían y brincaban como solo los niños saben hacer con la agilidad de una gacela. Su sorpresa fue enorme cuando un poco mas adelante, encontraron un paso para cruzar al otro lado de la riera y justo allí en una pared de piedra cubierta de hiedras, había un caño del que brotaba una fresca agua cristalina. Bebieron de ella estaban sedientas, junto a la fuente había unas grandes piedras gastadas por los años ya que se utilizaban de banco, de eso estaban seguras, pues se notaba que iba gente por allí.

El entorno era mágico, altos árboles, robles, cedros, grandes matas de moras rojas y negras estaban a un lado de la fuente y las flores silvestres brotaban por todas partes. Se sentaron en las piedras, estaban cansadas y el rumor del agua las acompañaba junto a una suave brisa que mitigaba el calor.

De pronto oyeron un ruido y las dos vieron como tras la fuente en la pared las yedras se apartaban como si una mano invisible las sostuviera, salía una fuerte luz de aquel rincón y de pronto las vieron. Ante ellas había una figura esbelta con unas pequeñas y delicadas alas, era bella, no vieron vestido alguno pues la luz azulada que la envolvía no dejaba distinguirlo, junto a ella diminutas figuras volando, que brillaban cual luciérnagas, pero no, no lo eran ellas habían visto muchas y eso no era un insecto.

Ella les miro con sus enormes ojos llenos de ternura y les sonrío. Berta y Montse no tenían miedo, estaban fascinadas y muy confusas. Las diminutas figuras se acercaron a ellas y empezaron a revolotear a su alrededor, las miraban y la curiosidad era mutua.

De pronto la señora se acercó a ellas las beso en la frente y poso su dedo sobre su boca como queriendo indicar a las niñas que debían callar. Ellas comprendieron entonces que estaban ante unas maravillosas hadas y que nada debían temer.

Despertaron tumbadas en los bancos, se habían quedado dormidas y estaba oscureciendo, había que volver a casa. Las dos se miraron una a la otra y dirigieron su mirada hacia esa pared cubierta de Hiedras, junto a la fuente.

Las dos sabían que no lo habían soñado, no recordaban todo con exactitud, pero se sentían muy felices y sabían que no debían contar nada. Jamás revelaron su mágico secreto.

Volvieron otras tardes a la Font de les Heures, pero no volvieron a ver a las hadas nunca más. Incluso al hacerse mayor empezó Berta a dudar de si fue real, lo soñaron o se lo inventaron y en sus juegos llegaron a creer esa fantasía.

Pero han pasado muchos años y Berta ahora, aún cree en las hadas y sabe que están aquí con nosotros, aunque no todo el mundo puede verlas, solo unos privilegiados y ella lo fue y aún siente que la protegen.

Y de vez en cuando se acerca paseando a la fuente.

Gelí - Abril 2009.

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18 Mayo 2009

AMIGA TRISTEZA

18 may 09 En: Poesia

AMIGA TRISTEZA

Amiga Tristeza

tu que me abrazas con pétalos de rosa.

Que me acunas con la brisa

meciéndome en el aire.

Me visitas en la noche,

me susurras y me llamas

y mi alma languidece

Me traes como ofrenda

la melancolía de tiempos pasados.

Provocando lágrimas

que asoman a mi ventana.

Haciéndome dudar.

Amanece,

y como la noche desapareces.

Se abren los pétalos de la rosa

saludando el nuevo día.

Esbozo una triste sonrisa

y me despido…¡Adiós amiga!

Mayo 2009

Safe Creative #0905183641364

15 Mayo 2009

Vivaldi Concerto pour 2 violons et orchestre en la mineur Op. III 8, I Allegro A. Vivaldi, J.S. Bach

(Montaje :Geli Imagenes tomadas de mi reproductor de Windows)

11 Mayo 2009

Myspace Pimp Text - <br /

3ª Parte

Cuatro días después, el rey Rinnich y unos cuantos guerreros supervivientes llegaron a Temair. Se congregó una multitud y enseguida se les preguntó: "¿Qué ha sido de la Sangre de Cu Chullain?" "Ha caído en la batalla", contestó Rinnich.

Liadain, que se encontraba entre la multitud, echó a correr a ciegas, tropezó y cayó al suelo helado. Se levantó y reemprendió la carrera. No sabía a dónde iba, tan sólo sentía la necesidad de correr. Finalmente, al llegar a las colinas boscosas del este, se apoyó contra un viejo roble.

Un rayo de sol incidió en su rostro y en ese momento sintió un raudal de dolor: no pensaba sino en Curithir, a quien ya no volvería a ver. Pasó muchos días junto a un arroyo que discurría por entre los árboles como un reguero de cristal. Una tarde empezó a nevar y cuando ya creía que no podría soportar más tiempo su dolor, profirió un grito, cayó de bruces al suelo y cerró los ojos. La nieve que cubría su vestido se derritió en pequeñas gotas húmedas que lanzaban guiños de luz mientras ella se entregaba al suelo helado

perdiendo el conocimiento. Las gentes de Temair habían salido a buscarla por colinas y ríos, pero nadie encontró a Liadain. Nadie la oyó cantar de nuevo y muchos la dieron por muerta. Fue muy llorada, pues cuantos la conocían sentían gran aprecio por Liadain. A altas horas de la noche Liadain despertó al oír chirriar los goznes de hierro de una puerta y vio que estaba acostada en una cama tibia. Un monje entró silenciosamente en la habitación.

"¿Dónde estoy?", preguntó ella. "Estás en el monasterio de Clonfert. Dios te acompañe, quienquiera que seas". Conversaron en voz baja y el monje fue respondiendo todas las preguntas que le hacía Liadain. Al final, consciente de que no estaba con Curithir, ela susurró: "Ya no me queda otra razón para vivir que Dios". "Es el camino más arduo -le dijo el monje-, "piénsalo bien". Acercándose a ella, le habló en voz baja: "No sé cómo habrás llegado hasta aquí, pero ten presente que sólo deben buscar la vida contemplativa quienes hayan sentido en su interior la llamada des espíritu de Dios. Es una vocación destinada tan sólo a unos pocos que, por gracia y predisposición, puedan atenderla".

Le tomó la mano y la colocó bajo las mantas. Tras abandonar el monje la habitación, Liadain estuvo largo rato tendida sin conciliar el sueño. Sin más guía que la luz de su corazón, se dirigió a una pequeña iglesia situada al otro lado del patio helado. Allí se arrodilló para cantar una plegaria en su propia lengua:

Por la mañana despertó sobre un suelo de piedra, pero en su interior tenía la certeza de que a partir de entonces serviría al Rey de los Cielos y viviría o moriría por ello.

Al sur de allí, en Benn Etair, al mismo tiempo que Liadain rezaba, Curithir abrió los ojos y vio dos manos. Al observarlas moverse, supo que eran las suyas. Oyó el crujido de una rueda de madera y pudo alzar la mirada lo suficiente como para ver que un enano apilaba en un carro los fragmentos de armas. Curithir emitió un gemido y todo volvió a quedar oscuro en su mente.

El enano era Lomna Druth. Se aproximó a Curithir, vio que estaba vivo y se apiadó de su sufrimiento. Hizo que su jaco doblase las patas delanteras en el barro seco y endurecido y empleó todas sus fuerzas para subir a Curithir al carro y llevarlo a su casa de las montañas de Partry. Lomna cuidó las heridas de Curithir e imploró al cielo que ayudase al guerrero. Colocó su rechoncho dedo índice sobre los labios de Curithir formando una gruz y recitó los salmos que se sabía de memoria. Al cabo de muchos días, Curithir fue recuperando fuerzas y, cuando pudo por fin sostenerse de pie, regresó de inmediato al campo de batalla en busca de Aelai. Lo tomó en brazos y lo llevó con suavidad hasta un precipidio sobre el mar. Con la ayuda de Lomna, cavó una tumba y, acunando a Aelai en sus brazos, depositó su cadáber en la fría tierra. Curithir colocó un menhir encima, junto a dos azaleas blancas que temblaban en el aire como pequeñas monjas.

Curithir hizo noche allí. Al día siguiente, Lomna se acercó a Curithir a la hora del crepúsculo, como seguiría haciendo muchos días, para preguntarle: "¿Estás preparado para hablar?" Curithir meneaba la cabeza y Lomna se marchaba. Curithir pasó muchos días negándose a hablar. A veces Curithir observaba en el cielo que se divisaba entre las colinas un camino que conducía a otro mundo situado más allá del horizonte.

Una tarde en que se encontraba mirando en esa dirección. sobre el pálido cielo se dibujó brevemente una figura en un risco situado entre dos montes. Al acercarse la figura, Curithir pudo ver que era un anciano de más de dos metros de altura, aunque encorvado por la edad.

Vestía de lino y llevaba una capucha pintada con caracolas y peces de mar, tan vieja y ajada como él. No llecaba más pertenencias que un bastón, desgastado y alisado en su parte central. El anciano se acercó a Curithir y le dijo: "Dios te acompañe, quienquiera que seas". Curithir, sin embargo, no dijo nada. "Soy Cummin el Alto, deoradh (peregrino) de los Céile Dé. He estado en el este. ¡Ay, lo que han visto mis ojos! ¡Mira!" Le mostró una piedra pequeña y sin nada de particular. "Es del Gólgota, de debajo de la cruz de Jesús". Curithir siguió sin decir nada. "¿Qué te aqueja? ¿Por qué contemplas esta tumba?", preguntó el deoradh. "Mi hermano está ahí". "Y seguirá estando algún tiempo".

Curithir alzó la mirada, enfadado. "Pronto vengaré la muerte de mi hermano, sólo que ahora estoy de luto, como se ve. He perdido a un ser muy amado". Cummin le preguntó: "¿Qué conoces del amor?" "Conozco un amor más grande que todo el amor del mundo". "El Reino de los Cielos es amor -dijo el viajero- Que los muertos entierren a los muertos. Hay que acordarse de vivir". Curithir se sentó derecho de repente. Esas habían sido las últimas palabras que Liadain le había dicho y lo habían despertado.

Se pusieron a charlar. El monje se inclinó para colocar una mano sobre Curithir y su túnica se abrió por el cuello dejando ver una cinta de cuero de la que pendía un ancla de bronce incrustada de brillantes esmeraldas y rubíes. Curithir se inclinó y colocó su mano tras el ancla para observarla. "Yo he visto esto en sueños -dijo-. "¿Qué significa?" Tras una pausa, añadió: "¿Que debo seguir a Dios, como tú?" "Que hayas visto esta ancla en sueños no significa que debas seguir a Dios sino que Dios te sigue". "Quizá sea así -dijo Curithir-, pero he de vengar la muerte de mi hermano". Andando el tiempo, Cummin el Alto prosiguió su camino.

Tres días más tarde Curithir partió en dirección a Temair, animado por el deseo de encontrar entre su gente al asesino de Aelai y de buscar a Liadain.

Curithir se dirigió al noroeste llevando su capa en una bolsa a la espalda y llegó a la fuente del patio de Temair. La gente se congregó a su alrededor, gozosa de verlo llegar con vida. Curithir gritó a la gente: "¿Dónde está esa mujer llamada Liadain?" Todos guardaron silencio, pero una persona que estaba al lado de Curithir le susurró: "No está... Hay quien dice que ha muerto". Atraído por el bullicio, Rinnich salió de repente al patio, se acercó directamente a Curithir y se colocó ante él. Ambos clavaron sus espadas en el suelo junto a su costado en señal de saludo. Antes de que pudieran hablar, el sol iluminó la empuñadura de la espada de Rinnich.

Había en ella una hilera de cinco gemas purpúreas y un pequeño hueco vacío destinado a albergar otra gema. Con manos trémulas, Curithir extrajo de un bolsillo mal cosido de su camisa de piel de ciervo la amatista que traía desde el campo de batalla y la hizo encajar perfectamente en el sexto punto de engarce. Curithir fijó su mirada en el rey y montó en cólera. En los ojos de Rinnich se percibía el miedo. Con la avidez que se adueña de los hombres de armas, Curithir movió su espada a izquierda y derecha sobre el cuello de Rinnich, donde tropezó con un objeto duro. La túnica de Rinnich se abrió y bajo su ropa apareció el torque de oro. Antes de que Rinnich pudiera darse la vuelta y huir, Curithir lo atravesó con su espada. Después la extrajo y el cadaver cayó al suelo. Curithir cogió el torque y luchó hasta deshacerse de tres agraviados guerreros que tuvieron el valor de intentar defender al traicionero rey. Durante un año entero Curithir recorrió Irlanda en busca de Liadain. Tanto se acordaba de ella que se sentía siempre triste y no podía dormir. Caminó muchos kilómetros y conoció a muchos reyes, pero ninguno de ellos sabía nada de Liadain. Caminó por toda la costa y conoció a muchos marineros, pero nadie sabía nada de Liadain. Un día, en un patatal, encontró a un agricultor agachado junto a una pequeña hoguera. Curithir le contó su historia y el agricultor le contestó: "Hace tan sólo cuatro noches oí esos cantos que describes. Provenían de la isla de Clonfert".

Curithir montó a Iala y cabalgó apresuradamente hacia la isla. Cruzó el agua en una barquilla de cuero y encontró a Liadain asomada al mar y vestida con una capa oscura y desgarbada. Al ver a Curithir, sus mejillas se cubrieron de lágrimas que caían a la tierra negra

Le dio la bienvenida con un beso inocente. Sentían alegría. "Te creía muerto. ¿Cómo has llegado hasta aquí?", preguntó liadain. Curithir se limitó a susurrar: "Te he encontrado". Alzando el tono de voz, y con mucho orgullo, añadió: "¡Por fín te he encontrado!" Tenía la capa rota debido a las zarzas y espipnos que se le habían clavado en los brazos y las piernas. Liadain tomó flores, hierba fresca y una planta llamada sunkind, las ató con tiras de lino de su bata y le vendó las heridas.

"Ahora podemos irnos y estar juntos", dijo Curithir. Pero el sol escondió su rostro y la tierra se oscureció. Sopló el viento del oeste y dos fieros halcoes surcaron el cielo. Curithir abrazó a Liadain y después se echó hacia atrás para mirarla a los ojos. "No -le dijo ella en voz baja-. Ha pasado demasiado tiempo. Antes... sí, pero ahora soy de Dios, aquí y sólo aquí". Lo dijo porque poseía gran fuerza. La luz que iluminaba a Curithir desde el principio se apagó entonces.

Por la mañana Curithir salió afuera y vio a Liadain ante una piedra de oración. Vio sus brazos extendidos como la neblina azul mientras velaba la cruz y percibió en ella un fulgor luminoso que no le venía de arriba sino de su propio interior. Vio también una hoja que le había caído sobre los hombros, en el comienzo del cuello. La contempló durante largo rato y entonces, sin mediar sonido alguno, se acercó hasta colocársele delante, de forma que ella pudiera verlo. Aunque Liadain miraba hacia adelante, no lo veía, pues tenía fija la mirada en el cielo que había sobre él. Curithir se marchó apesadumbrado. Regresó al monasterio para recoger su espada y después bajó por un sendero hasta la costa. Allí encontró otra barquilla de cuero en la cual cruzó el mar remando con furia.

Cuando Liadain se dio cuenta de su marcha, subió a lo más alto de la isla y allí percibió la permanencia de su elección. Apoyándose en la rama de un árbol y forzando la mirada en dirección al norte, Liadain sollozó por su amado. Cantó entonces estas palabras, que conmovieron su fe:

Tan alto y lejano como la luna y las estrellas tan frío como el aire de montaña ¿por qué arrebatarme este amor que siento y dejarme en la desesperación? Mi corazón está seco como la arena y el polvo y hueco como un árbol muerto, más vacío que las tumbas de piedra. ¿Acaso es la fe tan sólo vanidad? ¿Quién consiente este dolor mío sino nuesto Dios de las alturas? Nunca podré unir el cielo, el destino y el amor.

Más tarde Liadain encontró en su celda una nota escrita sobre un pergamino húmedo. En ella decía:

Liadain de mi corazón: no sufras cuando me haya ido. Mi infortunio crece a diario pero hasta en la tumba hay que evitar la tristeza.

Curithir flotó sobre el mar en silencio por espacio de tres días. Puso rumbo norte en dirección a Escocia, bordeando las costas occidentales hasta la isla sagrada de Iona. Allí, bajo un sol silencioso, oyó aquel sonido que conocía desde niño, el cántico de los monjes. El sonido se difundió sobre el mar tranquilo y volvió a ascender y descender como olas sobre una costa de guijarros. Ave cuius nativitas Nostra fuit benignitas Ut lucifer lux oriens Vernum solen praeveniens Que significa: "Saluda este nacimiento que ha sido nuestra bondad como el lucero del alba y la luz de oriente que aparece ante el verdadero sol". Los monjes cantaban como lo habían hecho durante toda la vida de Curithir, quien se acercó a la costa para oír mejor.

Al hacerlo, alzó la mano para quitarse del cuello el torque de oro. Lo introdujo en el agua y lo soltó. Vio cómo se hundía, girando arremolinado hasta perderse como los días de su vida. Cuando ya no pudo ver el torque de Cu Chullain, saltó por la borda y nadó con sus fuertes brazos hasta la isla de Iona. Allí ingresó en la Sagrada Orden porque, al perder a Liadain, había perdido también el deseo de vengar la muerte de su padre e incluso las ganas de vivir.

Aunque no existe ningún lugar que pueda considerarse totalmente vacío, sentía que su corazón casi lo estaba y sabía que aunque consiguiera encontrar las piezas de su amor, ya no podrían unirse nunca más.

Una noche, muchos años después, cuando ya estaba encorvado por la edad, aplastó bajo una piedra la gema purpúrea de la espada del rey Rinnich, que se dividió en mil facetas más pequeñas, como los gragmentos de su corazón, cuyas múltiples partes seguían queriendo y adorando aunque, después de alguien tan único como Liadain, no pudieran ya buscar amor terreno.

Con frecuencia se paraba sobre las piedras rojas y redondas de Iona, junto al mar de espejo, contemplando a lo lejos Irlanda y pensando:

"No he conocido otro amor terrenal que el que sentí por Liadain. Ningún amor supera al que me inspiró Liadain. Liadain fue mi gozo terreno. Dejémoslo así."

FIN

Traducción: José Antonio Torres Almodóvar. Relato de John Stuart Dick ,basado en el fragmento poético del siglo IX que aparece en “Comrac Liadaine Ocus Cirither”