Recuerdo el traqueteo del tren, su ruido repetitivo, Cha ca cha, chacacha..................... La cabina toda de madera con bancos incluidos, no eran como ahora mullidos y si había coches cama, para nosotras era impensable el ir en uno. Iba pegada a la ventana, mirando con interés todo cuando iba descubriendo por el camino, estaba excitada y quería llegar cuanto antes, pero la abuela me decía que tuviera paciencia que todavía quedaba mucho camino. Saco la bolsa de la comida, pues era su hora. , pan, embutidos, queso, y poco mas. Después de comer me dormí. Me desperté en una de las muchas paradas que hizo el tren, ya no sabia como ponerme, salia al pasillo, volvía a entrar, y releía los dos tebeos que me habían comprado para el viaje mis padres.

Nos acompañaban varias personas en la cabina, no recuerdo si eran hombres o mujeres. Sí que eran adultos, y no había otros niños. Bajaron unos, subieron otros. El cielo se oscureció, era ya de noche y mis ojos se cerraban , habíamos madrugado ese día..

Me acurruque junto a la abuela puse la cabeza en su regazo ella me tapo con un chal y dormí como un tronco. Por la mañana, llegábamos a Santander, para mi era toda una aventura. Íbamos al pueblo de los abuelos, esta vez me llevaba a mí, otros años, había ido mi prima con ellos , pero ese año era diferente eramos la abuela y yo solas, el abuelo había muerto el verano anterior.

Pobre abuelo, lo recuerdo siempre enfermo, pues tenia Silicosis o algo parecido , pero no por haber trabajado en minas, sino en una fundición.. Eso sí, era muy gracioso, era de Jaén, de Linares exactamente y lo que presumía el. de sus hazañas toreras. Pues eso era lo que quería ser, torero en novilladas y tuvo algún encontronazo con los toros, ya que tenia un par de cornadas de las que presumía un montón. Y claro aficionado a los Toros como no, lo recuerdo mirando el televisor en blanco en negro, viendo las corridas.. Hoy diríamos que murió joven pues tenia 62 años.

El viaje no había terminado, fuimos a una fonda donde nos quedamos a comer y dormir. Allí conocían a la abuela de años atrás, y se ve que eran del pueblo. Al día siguiente debíamos coger un coche de linea que nos llevaría al pueblo, pues mi abuela era cántabra de pura cepa, de los Picos de Europa, el pueblo al que íbamos se llama Tama, esta muy cerca de Potes, dos pueblos antes tan solo.

El coche de linea era una carraca, textualmente, pero era lo que había en aquel tiempo. El camino también era largo, de 4 a 5 horas de coche. Recuerdo el desfiladero-(llamado de la Hermida) especialmente, la carretera muy estrecha y con curvas, las montañas verticales y el río Deva al fondo, que miedo pase de verdad. Al final llegamos al pueblo cogimos las maletas y andamos un poco, llegando a casa de la Tía Cruz.

Nos estaba esperando, era una mujer pequeña, pero muy vivaz, era toda ella un puro nervio. Me cayó muy bien y también los primos- bueno primos de mi padre- eran Alberto y Conrado, unos chicarrones del norte que hacían honor a tal definición. Trabajaban de leñadores a temporadas y ahora estaban por casa, eran solteros los dos y no tenían novia. Ni nada que se le pareciese, por lo menos oficialmente, porque me imagino que algún lío por ahí tendrían.

La casa la tenia muy coqueta la Tía, suelos de madera muebles castellanos, sencillos eso sí y todo super limpio. Habitaciones con colchas de ganchillo el aparador con la palangana y el jarro con el agua y un pequeño armario una silla y sobre todo un orinal de porcelana bajo la cama.

El baño era un lujo en aquellos tiempos para cualquier casa de pueblo. Los orines recuerdo que se tiraban mezclados con agua por la ventana a la parte trasera de la casa. Y el resto pues te apañabas y te ibas a la montaña por un camino que había detrás de la casa. A mí me daba mucho apuro, sobre todo el primer día, pero luego después de 3 meses ya me había acostumbrado.

Y que iba hacer yo sola en ese pueblo con gente mayor solo tenia 11 años,me pregunte? pero de eso se ocupo la Tía, en seguida me llevo a casa la modista que vivía un poco mas allá, pasado el puente del riachuelo en la carretera. Se llamaba Lucia y era toda una señora, como la casa que tenia, se veía que era de familia buena, era soltera y muy guapa, de verdad.. Cosa que ahora pensándolo fríamente, no puedo entender que estuviera soltera, aunque quizá seria porque la habían dejado al cuidado de 2 sobrinos, pues los abuelos habían muerto y los padres de los niños, habían emigrado a Venezuela.

Me presentaron a María, tendría mi edad, y su hermano era menor tenia unos 8 años. Enseguida nos entendimos, aunque en ese momento creo que me hubiera hecho amiga de cualquier que me pusieran delante.

He de reconocer que le gustaba mandar un poco y como yo era la pardilla de ciudad, pues me manejaba a su antojo totalmente. Lo que mas me fascino fue las muñecas que tenia, y eso que yo era un poco bruta y me lo pasaba mejor jugando a cosas de chicos. Pues bien las muñecas en cuestión eran Barbies, si, como os lo digo la primera vez que yo veía una muñeca tan pequeña y preciosa, porque eran bonitas a rabiar. Y encima no necesitaba compran vestidos y complementos como ahora las niñas, sino que su tía le hacia toda la ropa, era increíble la cantidad de vestidos que tenia. Las muñecas se las habían mandado sus padres desde Venezuela. Y no presumía ella de ello, su padres los héroes que eran ricos pues les iba muy bien allí.

Los días transcurrían rápidamente, me levantaba por la mañana y tras desayunar la leche recién ordeñada que me habían mandado ir a buscar la tarde anterior, y que estaba riquisima.............Ummmmmm, no como la de ahora que no sabe a nada. Pues nada ellas, bueno la abuela Cándida y la Tía Cruz, estaban empeñadas en que me comiera la nata de la leche y con eso si que no he podido nunca. Incluso me la ponían encima de pan para que la comiera a bocados, Uf que asco. Si logre que me pusieran ColaCao en la leche y luego pan con embutido. Bueno es que al final vine con 6 Kilos mas, cosa que en mi casa les encanto, pues yo era super delgada y muy mala comiendo, no me gustaba nada.

En fin, sigo, luego una vez a la semana me iba con la abuela a lavar la ropa al lavadero, allí con 11 años aprendí a lavar la ropa con el jabón de pastilla que hacían con aceites allí mismo en el pueblo. Me lo pasaba bien por que voy a negarlo me divertía un montón, y además ella me iba contando historias de cuando era pequeña y vivía allí en el pueblo.

La tía tenia delante al otro lado de la calle un corral con gallinas y también un huerto y arboles frutales allí mismo y un poco mas arriba en otro bancal.,así que mientras estuve allí asumí las tareas del gallinero, recuerdo que me ponía los zuecos pues en la mayoría de lugares estaba todo con lodo pues allí solía llover bastante. Y con los zuecos entraba en el gallinero , cogía el maíz y empezaba a llamar a las gallinas ... TITAS, TITAS, TITAS, TITAS.............................así es como lo hacia la Tía con lo que yo lo hacia igual.

Recogía los huevos que hubiesen y se los llevaba. Los polluelos solía tenerlos aparte, pues sino se salían a la carretera y a ver quien los pillaba. Así pues los tenia en otro cercado este con enrejado de acero y cerrados por arriba y por abajo, pues las ratas por la noche solían hacer de las suyas, así y todo, un día recuerdo que había dos pollitos descabezados, pues les habían arrancado la cabeza las ratas del campo.

En ocasiones y cuando dejaba salir a las gallinas de la caseta al cercado a la hora de comer ellas, debíamos estar alerta, pues de golpe se notaba que se alborotaban, y era porque había un gavilan sobre volando la zona. Yo no había visto nunca estas aves, y me fascinaban sus vuelos circulares sobre nuestras cabezas.

Eso si que no lo vi nunca, pero me contó la Tía que ya le había llevado un par de gallinas y se disgustó mucho, y no quería que volviera a ocurrir.

También llegue a recojer peras y llenar cajas y cajas, que luego vendía al comprador que pasaba por el pueblo con el camión pesaba las cajas y le pagaba a tanto el kilo, no recuerdo el importe, a esa edad te fascina mas ver como pesan con las Romanas y los contrapesos y con el jaleo que se montaba, que prestar atención a los precios..

Los Martes era un día especial pues había mercado en Potes, íbamos en un taxi que ya tenia fijo contratado la Tía Cruz, venían varios por el pueblo a recoger gente. Eran grandes como os diría yo, por comparar una especie de Wolswagen de esos que adaptan para camping. Y siempre comprabamos algo, maíz para los pollos, quesos, incluso gallinas y una de las veces le bajo mas tarde un vendedor una mesa para la cocina, pues la que tenia ya estaba muy vieja. Era una maravilla el mercado me gustaba mucho ir.

Recuerdo los domingos por la mañana, como no, había que ir a misa.

iglesia de Tama

Y lo que mas me sorprendió fue el hecho de que los hombres se sentaran a un lado y la mujeres a otro. Me recuerdo con mi vestido de domingo blanco con la rebeca, pues no se podían enseñar los brazos en esa época y mi mantilla. Misas en latín largas y tediosas, con ganas de que terminasen para ir a jugar. Y la comida que solía ser especial.

Evocar estos momentos me esta gustando, lo recordaba todo pero no me había parado a pensar en cada uno de los increíbles momentos que viví, incluso vienen a mi los olores inconfundibles de esa rica comida de frijoles, el olor de la leche recién hervida, el olor... de hierba mojada que nos rodeaba, son tantos..............

Ahora bien, lo mas maravilloso de esa increíble aventura fue la sensación de libertad que viví.

No creáis que no intentaban saber lo que hacia, pero el concepto de peligro para un niño que se tiene en un pueblo no es igual al que podrían tener mis padres en la ciudad.

Y digo libertad porque campaba a mis anchas por todas partes, al principio iba con María, la sobrina de la modista, y con su hermano, pero se añadieron otros personajes. No recuerdo muy bien sus nombres, creo que eran Pedro , Ce-ferino y el de los otros chicos no recuerdo y un par mas de niñas de las que tampoco recuerdo el nombre y no merece la pena inventarme alguno.

Así pues, con Pedro recuerdo que estuve pastoreando pero con las vacas, que anda que no son tozudas las condenadas, al final con un palo hasta yo las hacia correr hacia donde queríamos que pastasen. Pedro era el hijo de los que vendían la leche en el pueblo.

El rió que pasaba junto al pueblo era el Deva y nos lo pasábamos genial jugando y bañandonos en la Poza que había, bueno he de confesar que yo no sabia nadar y me daba un miedo mortal la poza, así que jamás me metí, yo me conformaba con pequeñas pozas que apenas cubrían y el saltar de piedra en piedra para cruzar el rió.

También muchas tardes nos dedicábamos a cazar anguilas, se me daba de miedo, y lo hacíamos de la siguiente forma:

-. Los chicos levantaban las piedras grandes del rió, bueno las que podían levantar claro , y debajo estaba la anguila y con una especie de tenedor se lo clavaba y la metíamos en una bolsa y le dábamos un manporro contra la roca. Lógicamente eran para comer, que no para martirizar al animal por el gusto de hacerlo.

He de confesar que no comí anguila ni la he comido nunca, me daba asco, solían llevárselas los chicos. También en alguna ocasión en vez de anguilas nos encontramos culebras de rió, menudo susto nos dábamos entonces.

Otro de los juegos que organizabamos era con una tabla encerada de madera, la cual tenia un travesaño frontal y otro posterior y era lo suficiente ancho como para sentarnos y larga como para subir. Pues bien con ella a cuestas nos íbamos arriba a la montaña donde los prados tenían la suficiente pendiente para deslizarnos con la tabla a modo de trineo, era una sensación genial. Generalmente terminabamos todos cayendo de la tabla pues al igual tropezaba con una piedra un pequeño montículo que la desajustaba con lo que volcábamos seguro.

En una ocasión no recuerdo porque motivo íbamos todos juntos y veníamos de jugar con la tabla y nos empezamos a discutir María y yo, los otros animaron el tema con que nos debíamos pelear y luchar a ver quien ganaba. Pues nada como yo no era bruta ni nada, me pareció bien la idea, empezamos a pelear, a tirarnos de los pelos a rodar por el suelo y como no, acabe encima de ortigas que en un principio no note y al final termino con un puñetazo en toda mi nariz que me dejo tumbada en el suelo sangrando y medio grogui con lo que cuando me di cuenta, estaba yo sola pues todos salieron corriendo.

Llegue a casa hecha un cristo con la nariz hinchada y con un picor por las Ortigas que ni os imaginais. Ese día si me castigo mi abuela. Menos mal que la Tía Cruz tenia remedio para las ortigas, no se que preparado hizo como un empaste, pues era en el trasero y en los muslos, se lo agradecí eternamente. ¡Ha! Y mi nariz desde entonces esta un poco torcida. Que le vamos hacer.

Otra de las cosas que viví en Tama y que me impresionó mucho, fue que la abuela me llevo a visitar a una sobrina suya que vivía en una aldea interior, por lo que a través del bosque había como casi una hora andando por un camino vecinal , como os podéis imaginar.

Al llegar me sorprendió ver solo tres o cuatro casas, la sobrina (prima de mi padre) se puso super contenta con la visita la abuela le llevaba varios obsequios para sus niños.

Yo quede muy impresionada, pues los niños estaban medio desnudos en la calle descalzos, alguno llevaba solo el calzon y las niñas sin bragas. La casa eran cuatro paredes el hogar una fresquera y dos camas o tres, de los niños el mayor debía tener 6 años y los otros tres pues unos 4 la niña otro de 2 y pico y el bebe que gateaba, ella iba hecha un desastre. Estaba horneando pan y tenia un puchero en el hogar . Pero yo jamas había visto tanta miseria y me impresiono. La niña de 6 años me cogió mucho cariño y me llevo a enseñarme su mascota era un erizo, que en cuanto te acercabas se hacia un ovillo era una monada, yo jamas había visto uno de verdad y me fascino.

Recuerdo que al regreso bombardee a mi abuela con preguntas, que porque vivían así e iban tan sucios etc. Me dijo que se había casado muy joven con un sinverguenza que se iba a trabajar fuera y aparecía por allí cuando le daba la gana y cada vez la dejaba preñada. No se me olvido jamas esta imagen. Y durante en verano de vez en cuando subía yo sola y les llevaba comida que me daba La tía y estaba un rato y jugaba con Juana que así se llamaba la niña.

El tiempo puso las cosas en su sitio y dejo a su marido y se vino a Barcelona con sus hermanas y con los niños. Al cabo de unos años las tres hermanas emigraron a Australia. Y por lo que llegue a saber de ellas les fue bien.

Pero el tiempo como en muchas familias y por la distancia hizo que mis padres perdieran toda contacto con ellas.

He de comentar para ser justa con los recuerdos que aquí os dejo, que 2 años después volví a subir a Tama, pero no estuve tantos días solo un mes y no se si era porque ya era mas mayor, pero todo era tan diferente, que solo os diré que a los dos días me desilusione tanto, todo era tan diferente, que ya quería volver a Barcelona. Lógicamente me tuve que aguantar, pero como mi primer viaje ninguno.................................

Picos de Europa