
Amor prohibido
Acariciaba las puntillas
las dejaba resbalar
entre sus dedos.
Su mirada perdida
y en su boca una esbozada sonrisa.
Y su mente revivía
ese amor prohibido.
Aún sentía las caricias
de las blancas sabanas de satén.
La frescura y su aroma.
Bajo ellas, se entregaban
con pasión a la lujuria.
Amantes ocultos
tras las sombras.
Días furtivos
Amor silencioso,
pues era prohibido.
Ambas tenían marido.
Hoy en la vejez,
mientras acaricia las puntillas
y esboza esa sonrisa.
Todavía se regocija
de sentir lo mismo
que el primer día.
Geli - Marzo 2009




giverny
29 mar 2009 | 03:12 AM
Precioso tu poema. Si son capaces, a pesar de la edad y lo pasado sentir eso, su vida no ha sido en vano.
Un abrazo y feliz fin de semana.