El 20.

Como cada mañana, ahí estábamos, esperando nuestro autobús el 20, se nos había escapado el anterior. Era el final, por lo que en cuanto llegara el siguiente, tendríamos que esperar aún un poco antes de salir hacia nuestros destinos.

Eran cerca de las 8.30 h de la mañana, casi siempre éramos los mismos, los que acudíamos a nuestro trabajo, y las madres con sus hijos acompañándolos a la escuela.

Todos nos conocíamos, no de todos sabíamos sus nombres, pero nos saludábamos y charlábamos del tiempo o temas actuales.

Estaba Silvia, joven madre pues un día me comento que tuvo a su hija a los 17 años, estaba enamorada y aún lo está, ahora acompaña cada día a sus hijos a la escuela, Meritxell y Arnau. También estaba María y sus hijos un niño y una niña. No se de que país venia, pero era una mujer preciosa de color al igual que sus hijos, guapísimos. O ese ejecutivo joven que cada mañana subía al autobús con su hijo pequeño para llevarlo a preescolar, y otras jóvenes madres con sus hijos y embarazadas de nuevo a la espera del siguiente.

Cada mañana se saludaban, reían y jugaban y los más pequeños buscaban en el conductor a su cómplice de juegos. Solían ser los mismos, y había un par que ellos, que los niños ya sabían que siempre les daría pié a ello.

Observarlo era mi distracción matutina, lejos de ser monótono el camino al trabajo, se convertía en todo un mundo de cariño los unos con los otros, como si ese autobús fuera un poco nuestro. Incluso si alguno llegaba tarde y tenia que echar una carrerita para coger el bús, le alentábamos y el conductor esperaba un poco en arrancar.

Cuando alguno no venia durante algunos días, preguntábamos por él, y como iban a la misma escuela, pues sabías si esta enfermo o no.

También solían subir muchas personas de avanzada edad, pues un ambulatorio estaba en la ruta del autobús al igual que el Hospital de Sant Pau, y ya sabias en que parada bajarían, o era una o era la siguiente. Poco margen de error había….

Todo un mundo, una ciudad y unas vidas que subían, y bajaban de ese autobús, y que formaban parte de la mía.

Han sido tres años disfrutando plenamente de ese camino al trabajo, porque aunque estuvieses cansado, tuvieses sueño o desanimado. Sabias que estaban ahí, que si querías charlar lo hacías, si ese día estabas enfurruñada, te saludaban y estabas callada, nadie te molestaba, y si acaso los niños te hacían esbozar una sonrisa. Pero siempre estabas acompañada.

El trayecto terminó para mí, yo me tuve que apear, pues el trabajo se esfumo. Pero lo que siempre llevare en el recuerdo, es ese autobús y esos compañeros de viaje, que espero reencontrar en algún otro momento.

Porque seguro que cogeré mas autobuses o el metro, no se lo que me depara el futuro. Pero como aquel trayecto, no creo que encuentre ningún otro.

Abril 2009 Safe Creative #0904073014615